FREDERIC AMAT: LA CREACIÓN DE LAS RANAS
El domingo pasado, luego de recorrer bajo la lluvia cerrada un trecho largo de los intrincados corredores del Santuario de Fushimi Inari, en el sur de Kioto, y de hablar largamente de las ranas que a él y a mí nos ocupan desde hace tiempo, y que ahí tienen un hermoso santuario, Frederic nos invitó al té en sus habitaciones de un ryokan de Gion y ahí, mientras hablábamos, tomó los pinceles de su hijo y, con tinturas de té, hizo los dos dibujos que ahora tenemos en casa. Las baterías de las dos cámaras que llevaba se habían agotado y las fotos que aquí se ven las tomé con el iPhone.
Dulces, sonoras roncas ranas,
siempre quise ser rana un dìa,
siempre amé la charca, las hojas
delgadas como filamentos,
el mundo verde de los berros
con las ranas dueñas del cielo.
La serenata de la rana
sube en mi sueño y lo estimula,
sube como una enredadera
a los balcones de mi infancia,
a los pezones de mi prima,
a los jazmines astronómicos
de la negra noche del Sur,
y ahora que ha pasado el tiempo
no me pregunten por el cielo:
pienso que no he aprendido aún
el ronco idioma de las ranas.
Si es así, cómo soy poeta?
Qué se yo de la geografìa
multiplicada de la noche?
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